lunes, 27 de julio de 2015

oración




Oración

 


La tierra, que soporta tanta historia
Y tanto frenesí, tanta locura
En capas sucesivas de memoria,
Evoca la desgracia y la ventura.

El tiempo con su hierro marca a fuego
La carne juvenil y el alma tierna,
Para que el corazón evoque luego,
Sumido en añoranza sempiterna.

¡Oh Dios, por qué designio tan fatal,
Del tiempo tan atroz, del pensamiento
Atado a la memoria y a su mal!

¡Libéranos Señor de azar tan triste!
¡Ofrécenos tu Luz y un nuevo viento 
En todo cuanto vive y cuanto existe!


domingo, 26 de julio de 2015

encanto



Encanto


Si duda hay momentos
De inmensa poesía,
Gratos firmamentos,
Nubes de alegría.

Sin duda, sin duda,
El amor brilló,
Y el alma desnuda
La dicha vivió.

Puede ser que ahora
Un sutil encanto
Aliente algo extraño:

¡La rosa que aflora
Conserve el aroma
Y el frescor de antaño!



lunes, 20 de julio de 2015

otra dimensión




Otra dimensión


Andaba tan distraído;
De aquella noche gozaba,
Y el surtidor derramaba
Aquel rumor tan querido.

Y así, tan entretenido,
Tan absorto como estaba,
Observé que me observaba
Un espectro muy temido.

El fantasma de la muerte,
Que arrastra en su torbellino
Lo gozado y lo sufrido;

El otrora fabuloso,
El futuro esplendoroso,
El recuerdo de haber sido...

viernes, 17 de julio de 2015

espejo



Espejo


Un bello espejo existió,
que también existe ahora,
donde mi rostro posó
con la juventud de otrora.

Existió y sigue existiendo,
fue mi faz lo que cambió;
es lo que ahora estoy viendo,
la de otrora se perdió:

la que grácil poseía
el candor de lo que es bello;
la que el encanto tenía,
la del hermoso cabello.

Todo ello se ha perdido
y la imagen que conserva,
refleja un rostro abatido
en esta mudanza acerba.

El espejo es como tierra
que refleja la hermosura:
el esplendor de la hierba
mientras dure la frescura.



sábado, 11 de julio de 2015



Estrella fugaz


Hieren el nocturno cielo

Tantas estrellas fugaces...,
Rasgando su negro velo
Con ésos sus blancos haces.

"¿Cuál sera el poder secreto
Que tiene esa estrella errante,
Para marcar en el cielo
Su trazo tan deslumbrante?..."

Las estrellas, muy curiosas,
Se preguntan, una a una,
En las noches silenciosas
En que se oculta la luna.

Y como nadie responde
A su pregunta indiscreta,
Presuponen que se esconde
Alguna causa secreta,

De algún dios desconocido,
De alguna diosa vidente,
Que marcando está un camino
Por el cielo omnipotente.

miércoles, 8 de julio de 2015

romance del perrito pequinés



Romance del perrito pequinés


Estaban los Reyes Magos
con un muy serio problema,
pasando muy malos tragos
en situación tan extrema:

¡¡cuán difícil resultaba
bregar con el pequinés,
que tan ansioso esperaba
el niñito tailandés!!

Aunque era pequeñín,
el perrito referido,
se escapó por un jardín
y lo daban por perdido.

No es que fuera su intención
ser un perro vagabundo,
sino que fue la pasión
quien lo puso furibundo.

Andaba una pequinesa
Por el extenso jardín
de una dama japonesa
y un famoso mandarín.

Saeteado por Cupido
corre nuestro perro chato,
cual galán muy atrevido
a gozarla por un rato.

Mas he aquí que la perrilla
no estaba por la labor
y subiéndose a una silla
ladra presa de pavor,

despertando a todo el mundo
y alertando al rey Gaspar,
que no duda ni un segundo
en el jardín penetrar

para hacerse con el can,
que no salió bien parado.
Cuando por fin se lo dan:
un mordisco le ha pegado

la perrita pequinesa,
además de un zurriagazo
que la dama japonesa
le atizó en el espinazo.

Y el bueno del rey Gaspar
casi se busca un disgusto,
fue acusado de allanar
y de derribar un busto.

Y cuando ya parecía
que de forma convincente
el reparto proseguía,
el can huye nuevamente.

A pesar de lo ocurrido
sigue buscando pareja;
de Melchor el perro ha huido
y se va tras una oveja:

un bóvido impresionante;
mas no era su intención
ejercer de dulce amante
de un perrito juguetón,

así que como insistiera
arremete contra él,
y aunque no lo pretendiera
lo estampa contra un tonel.

Corre raudo Baltasar
a recoger al perrillo,
y es quien con mucho pesar
observa que aquel diablillo

yace harto magullado.
Así que le aplica ungüentos,
y al verlo ya mejorado
de sucesos tan violentos,

con evidente mal grado,
coge al can que se fugó
para ser por fin llevado
al nene que lo pidió.

Llegan así sin demora,
antes que de nuevo huyera,
a donde ese niño mora,
que el perrito les pidiera.

Pero aún queda un buen rato
hasta el piso ochenta y dos,
y además del perro chato
ha pedido unos yoyós.

No funciona el ascensor
para complicar el tema:
¡¡no puede haber mal mayor
ni tan grandioso problema!!

Por tanto hay que sortear
quién ha de subir andando,
y el toca a Baltasar
para que suba cantando.

Pero cuando se encontraba
en el piso treinta y tres,
de nuevo se encandilaba
el perrito pequinés.

Y a falta de pequinesa
persigue por la entreplanta
a una gatita siamesa
que al verlo mucho se espanta.

De nuevo se duele y queja,
este perro desdichado,
pues la gatita le deja
todo el hocico arañado.

Con infinita paciencia
el pobre de Baltasar,
usando toda su ciencia,
logra por fin escalar

hasta el piso ochenta y dos,
y al niño el perro dejar,
además de los yoyós;
sin que se deje notar

su loable cometido.
Después de tanto ajetreo
el can se quedó dormido
hasta que el suave gorjeo

de un pajarito amarillo,
cuando empieza a amanecer,
despierta a nuestro perrillo,
que asombrado puede ver

cómo una perra gigante,
descomunal gran danés,
lo mira con ojo amante
de la cabeza a los pies.


lunes, 6 de julio de 2015

romance del oso goloso



Romance del oso goloso


Ocurrió muy de mañana:
Estaba en Carabanchel
Una moza muy lozana 

Vendiendo tarros de miel.

A comprar, éste y aquél,
Hasta ella se acercaban,
Cuando de pronto un tonel
Que dos chiquillos rodaban

Por desgracia fue a romper
Los tarros que ella portaba;
Pudiendo la gente ver
Cuán compungida quedaba.

Mas al rato aparecía,
Aunque no parezca lógico,
Un oso que se decía
escapara del zoológico.

Al ver la miel derramada
La devora con fruición,
Evocando otras veladas
De gozo en su corazón.

Y en su completa alegría
Sus ojos miran al cielo,
Olvidándose que había
Mucho cristal por del suelo.

Así que sin darse cuenta
Se nos hiere una patita,
Y al ver la herida sangrienta
Le ponen una tirita.

Curativo insuficiente
Para atajar ese mal,
Por lo que inmediatamente
Lo llevan al hospital.

Allí empiezan los problemas:
Los servicios recortados,
Amén de otros anatemas
Contra los osos fugados.

Que si no tiene papeles...
Que si el bicho es ilegal...
Que si se comió las mieles...
Que si puede hacer el mal...

A vejación lo someten,
Lo vendan en un pasillo,
En un cuartucho lo meten
y le cierran el pestillo.

Cuando todo parecía,
Por conclusión evidente,
Que nuestro oso acabaría
Enjaulado nuevamente,

Surge un príncipe valiente:
Muy ocioso él caminaba,
Y a raíz del incidente
Con la moza se topaba.

La encuentra desconsolada,
Con los tarros por el suelo,
Y al ver que era divorciada
Él le ofrece su consuelo.

Aunque era una plebeya,
Estaba de muy buen ver,
Y se le antoja tan bella
Que la hace su mujer.

Se pagan un buen palacio
Con los impuestos de todos,
Con servicio y buen espacio,
Cual si fueran reyes godos;

Y como tiene adosado
Un suntuoso jardín,
El oso ha sido adoptado
Y lo llaman Serafín.