jueves, 29 de enero de 2015

recuerdo de amor en los ojos





Pensando en mi amada no dormía.
Escuchando una canción
y leyendo una poesía,
abandonaba mi envoltura corporal.

Y vagando por un mundo inmaterial, 
descubría que las flores del amor
brotan también en el éter misterioso
de una galaxia ignota.

Escribí un poema 
para confesarle mi amor a mi amada:
para que tuviese noticia
de cuánto por ella padecía
mi pobre corazón.

Un claro día, 
aguardando su llegada,
la encontré de espaldas a mí.

Posé en sus hombros mis manos 
y al instante se giró.

Al encontrase por sorpresa nuestros ojos 
la danza cósmica del Universo
encontró su sintonía.

sábado, 24 de enero de 2015

silla amarilla


 
Estaba en la cafetería
sentado ante la taza de café
que se había quedado fría;
y la inspiración no venía...

Quien llegó, gateando, fue una nena
de un añito que se había fugado
de la mesa de sus papás,
para agarrarse a una silla amarilla
que había al otro lado de mi mesa.

La recogieron, a la nena,
la llevaron a su mesa e intentaron
darle el biberón,
una muñeca,
un tigre de plástico...

¡Todo en vano!

A la primera de cambio
se volvió a escapar
y gateando llegó de nuevo
a la silla amarilla,
a la que se aferró con verdadero
amor.

Como la silla estaba vacía
le dije a sus progenitores que se la llevasen
a su mesa.

Y allí se consumó la felicidad:

¡No sólo se abrazó a ella,
también la subieron encima!


cuatro poemas



Esa música
inmortal me arrastra
aun sin moverme.

*  *  *

No digas nada,
siente conmigo como
pasa la vida.

*  *  *

Pensarte es ver
toda la belleza de
los sueños.

*  *  *

Dame tu mano
mientras miro tu perfil,
quiero morir así.


sábado, 10 de enero de 2015

a las puertas del cielo



A las puertas del cielo, llego
si los ojos están llenos
de Amor,

si la imagen que retienen
vive en el eco de una canción
y en los muros cubiertos de enredadera.

A las puertas de cielo,
si en el espejo del alma se refleja
la ilusión y la gloria de sentirse querido,

y las marcas que el dolor dejó en la arena,
desaparecen bajo las olas
de un mar eterno.

A las puertas del cielo,
si el corazón recibe sin miedos el amor
y lo entrega como el que dona el alma...


martes, 6 de enero de 2015

Todo estaba allí



Todo estaba allí.
Mi cama metálica con su somier,
el colchón y la almohada de lana,
la mesa y la radio,
el Meccano y la lámpara del salón,
la televisión y el sofá,
el teléfono en el recibidor sobre la mesita,
y el espejo de pared y las sillas de madera,
y la nevera y la cocina de carbón y leña,
y el infernillo eléctrico,
y la mesa del comedor, redonda y grande,
y aquél mueble tan bonito,
con estantes y puertas corredizas de cristal.

Todo estaba allí.
Todo, todo, todo…
Y mi infancia también,
y mi vida también,
con el aroma y la presencia de los míos,
de los que me dieron la vida
y me criaron.

Nada queda ya.
Mi vida se esfumó por los laberintos del tiempo
y mi casa se perdió.

Soy un fantasma condenado
a rememorar y esperando el Amor que me redima...