miércoles, 29 de enero de 2014

canto de otoño




cerré la puerta una mañana
bajé los escalones
los cuatro pisos
y salí a la calle

era otoño

un otoño lleno de encantadora fragancia
y mágica melodía

las hojas caídas
no presagiaban
entonces
la caída de los sueños



jueves, 23 de enero de 2014

ante el retrato de mi madre




No hay estrellas en todos los firmamentos
como los dientes de tu boca:


blancos entre la sonrisa de tus labios,


ni brillo tan profundo
como el mirar de tus benditos ojos
ni ondas tan altivas
como las de tus sagrados cabellos.
 

Y esas blancas manos,
hechas para mi sustento y alegría,
que aguardan por toda la eternidad.


el tiempo pasa





tiempo de pena y gozo,
sonrisa y rencor,
suerte y desgracia.

y mientras soñaba,
y mientras vivía,
el tiempo...
el tiempo que pasa.

no hay nada que hacer,
el tiempo es un río,
es un espejo que hiere,
es una imagen que ha muerto
de ese yo que moró en mí.

aunque llore o aunque ría
ya tú ves como el agua que corría
nunca volverá a correr.

aunque la paz me consuele,
aunque me ofrezcas cariño,
es imposible volver,
nada será como ayer.


Juan Martín
 

lunes, 13 de enero de 2014

sobre la eternidad




¡Un sueño cincelado
en el mármol de la eternidad!

¿Por qué buscar tan alto destino?

Mejor será acomodarse
al ritmo del amor de carne y hueso.

Ése que surge del roce real,
de las manos que se juntan,
de los ojos que se miran,
de la caricia que aflora,
del deseo que galopa,
del corazón que late acelerado.

¿Quién sabe si la eternidad
no sea un engaño más?



Juan Martín

lunes, 6 de enero de 2014

espacios cerrados



Nunca me olvidaré de aquella niña que pobló una parte de mi infancia,
se llamaba Aparecida.
Cierto día apareció llorando
porque su padre había bebido más de la cuenta.
Y las había maltratado -a ella y a su madre-,
y había roto sus lápices de colores.

¡Oh Dios!,
¿por qué llenas los espacios cerrados del alma con alcohol y palizas?

Y ella, aún con los ojos húmedos de lágrimas,
sacaba punta a los lápices rotos,
y llenaba de colores los espacios cerrados de las letras.

Después de tantos años...,
cuando recuerdo su cuaderno escolar,
con aquellas letras coloreadas -redondas y perfectas-,
que desafiaban al miedo y a las lágrimas,
quisiera yo también saber colorear los espacios cerrados de mi alma:
con aquel verde de trigales sangrando amapolas,
con aquel púrpura encantado de mágicos ponientes,
con aquel sublime añil de una tarde de la infancia,
que, más que añil,
es un grito de esperanza.



Juan Martín

jueves, 2 de enero de 2014

tu nombre




La sal del destierro
viaja en las lágrimas
que surcan el rostro
vencido.

Los cielos, las calles,
los árboles y las nubes;
y el sol del ocaso esperan
tu nombre.
El nombre perdido
entre piedras grises de añoranza.
Tu nombre que flota
en un espacio
sin dimensión tangible.
Aquél que entre las luces
del atardecer
fustiga el alma
que vaga desnuda de esperanza.



Juan Martín