sábado, 28 de diciembre de 2013

vas a adorar el teléfono




Hace algún tiempo,
antes de ser desterrado
del Estado del Bienestar...,
leí un anuncio que decía:
«Vas a adorar el teléfono».

Entonces pensé
en aquellos dioses crueles
que exigían ser adorados
con total sumisión,
con sacrificios humanos
y corazones palpitantes
recién arrancados,
y en las brujas

y los herejes quemados vivos
en plaza publica.

Hoy en día
los sacrificios humanos
se siguen realizando con gran profusión,
pero al menos somos libres
de adorar al dios-teléfono,
que apenas te pide
que lo uses continuamente,
cuanto más mejor
para que la factura
sea más abultada.

martes, 17 de diciembre de 2013

insaciable




¡Corazón, qué caricia en mis oídos!
Hermoso es tu poema, tan amado,
que alienta así a mi ser, enamorado;
son tan lindos sus versos, tan queridos;


despiertan sus estrofas mis sentidos.
Pero Amor, noto ya que estoy cansado,
de tanto, tanto amar, me ha fatigado,
a mi edad mal aguanto 3 seguidos.


¡Ay mi Flor!, calma un poco ese furor,
gocemos del encanto del teatro,
recita algún poema al ruiseñor.


Con todo frenesí yo te idolatro,
pero con tres se apaga ya mi ardor
aunque tú necesites más de 4.


Santo en el burdel / Santo no bordel



¡Hola a todos!

Soy una talla en madera 
de San Juan Bautista.

Fue la madam del burdel donde habito 
quien me compró en la tienda 
de antigüedades.

Llegué a mi nuevo hogar 
ataviado de parca vestimenta.

Apenas unas pieles mal curtidas 
cubrían mis vergüenzas 
mientras bautizaba en el Jordán.

Una de las chicas 
me hizo una túnica de seda 
bordada con hilos de oro.

Presidiendo mi oratorio 
parezco el gobernador de Galilea.

En mi honor las flores 
se renuevan diariamente 
y se encienden velas perfumadas.

Ora postradas, ora en franca 
camaradería, estas gratas señoritas 
me tienen por amigo y confidente.

¡Mas ay Señor!, 
ando perdido entre muslos de bronce, 
pechos de nieve y esféricas caderas...

¡Qué lástima ser sólo de madera!

*        *        *        *        *

Olá a todos!

Sou uma talha em madeira
de São João Batista.

Foi a madama do bordel onde habito
quem me comprou na loja de antiguidades.

Cheguei ao meu novo lar
ataviado de parca vestimenta.

Apenas o imprescindível
para cobrir as minhas vergonhas
enquanto batizava lá no Jordão.

Uma das moças
fez para mim uma túnica de seda
bordada com fios dourados.

Presidindo o meu oratório
pareço o governador da Galileia.

Em minha honra as flores
renovam-se diariamente,
e as velas perfumadas.

Estas gratas senhoritas falam comigo
e me consideram o seu amigo e confidente.

Mas ai Senhor!
ando perdido entre nádegas tão brancas,
seios de ébano, coxas de bronze...

Que pena ser só de madeira!!